En primer lugar, es importante saber que cualquier músculo del cuerpo necesita más energía para relajarse que para contraerse. Las células musculares son las encargadas de transformar los azúcares, grasas y oxígeno que transporta la sangre en la energía necesaria para la contracción/relajación muscular.

Si un músculo se ve sometido a un esfuerzo sostenido -no necesariamente por movimiento sino también por tensión nerviosa o posturas incorrectas- y hay una circulación sanguínea lenta o deficiente, corremos el riesgo de agotar las energías en esa zona y favorecer la aparición de una contractura.

Un ejemplo claro es el de alguien que pasa largas horas sentado frente a un ordenador: los trapecios acumulan tensión, la circulación es lenta (el corazón late despacio) porque no hay movimiento general del cuerpo. Los trapecios principalmente y otros músculos de la zona alta y baja de la espalda se contraen pero no reciben suficiente energía para relajarse. Una vez en tensión, como los vasos sanguíneos en el músculo también se cierran por la contracción, aunque nos levantemos después de todas esas horas y nos movamos, probablemente ya no llegará suficiente suministro de sangre y la zona no tendrá suficiente energía para relajarse; la contractura se quedará (es un círculo vicioso).

A largo plazo, los músculos contracturados pueden presionar las articulaciones dañando el cartílago articular y causando dolor y también obligarnos a adoptar inconscientemente malas posturas que pueden afectar la columna vertebral. Para revertir este proceso. lo más conveniente es lograr aportarle al músculo lo necesario para recuperar la energía. El único camino es que los vasos sanguíneos se abran bien y hagan circular la sangre hasta el lugar de la contractura y para esto son muy efectivos los masajes y los ejercicios de movilidad suave, nunca agotadores ya que gastarían más energía y eso es lo que nos falta. En el caso de contracturas más antiguas, el tejido de la zona está endurecido (fibrosado) por lo que será necesario un masaje más profundo y fuerte, en general un poquito doloroso (no insoportable) y los ejercicios de elongación suave, nunca máximos ya que pueden aumentar la contractura.

Después de un masajes, será de gran ayuda todo aquello que ayude a dilatar los vasos sanguíneos, como puede ser el aplicar calor en la zona, un baño de agua caliente e incluso una aspirina que diluye la sangre y favorece la circulación.

Juan Roberto Carrasco M.
Diplomado en Fisioterapia
Osteópata

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Publicado: 24 de Noviembre de 2016